Las citas en un cuaderno
Y cuando llama un cliente para cambiar la hora, hay que buscarlo entre tachones.
Fichas con matrícula y kilómetros, órdenes de reparación, control de recambios y presupuestos que descuentan las piezas del almacén. Todo en el ordenador del taller.
Y cuando llama un cliente para cambiar la hora, hay que buscarlo entre tachones.
Se acepta el trabajo y luego resulta que la pieza no está. El cliente espera y el coche ocupa una plaza.
Cada uno se escribe otra vez desde cero, y el que se pasó el mes pasado no aparece.
El programa cambia de vocabulario y de campos según el oficio. No es la misma pantalla con otro nombre.
El programa cambia el nombre en todas las pantallas: averías, entradas a taller, órdenes de reparación. Nadie tiene que traducir mentalmente lo que ve.
Matrícula, marca y modelo, kilómetros, próxima ITV y compañía de seguros. Buscas por matrícula y sale todo su historial: qué se le hizo, cuándo y cuánto se cobró.
Cuando el cliente acepta, las piezas salen del stock automáticamente. Si no hay suficientes, avisa antes de aceptarlo.
Con las manos sucias, dices «han entrado diez filtros de aceite y han salido dos discos de freno» y el programa lo apunta.
Sí. La matrícula se guarda en su ficha y se puede buscar por ella, igual que por nombre o teléfono. En la lista se ve junto al nombre sin tener que abrir nada.
Sí. Cada pieza tiene existencias, mínimo y proveedor. El programa avisa cuando algo baja del mínimo y guarda el historial de quién movió qué y cuándo.
La agenda se organiza por recurso, así que cada mecánico o cada elevador tiene su propia columna y el programa no deja solapar dos trabajos en el mismo sitio.
Cuéntanos cómo trabajáis y te enseñamos el programa ya adaptado a talleres mecánicos, sin compromiso.
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